miércoles, 25 de mayo de 2011

Oración de un adivino a los Dioses de la Noche

Cuando se lee El Señor de los Anillos se tiene una sensación de la que es imposible zafarse. Guste o no el libro, prácticamente todo el mundo está de acuerdo en algo: el mundo en el que se ambienta, la Tierra Media, es profundo, evocador, real. Es un lugar que creemos conocer, a pesar de no haber vivido en él, que se nos antoja tan auténtico como la tierra que pisamos.

Hay muchos factores que se combinan para transmitir esto, pero uno de los más importantes es, sin lugar a dudas, los idiomas. Tolkien era lingüista, y creó varias lenguas completas que sus personajes y sus culturas hablarían.


Los demás, por desgracia, no somos lingüistas, y la mayoría jamás conoceremos más de una o dos palabras en Quenya, pero aún así nos damos cuenta de que los idiomas de los elfos y los enanos son auténticos. No unas cuantas palabras puestas una detrás de otra, sino una auténtica creación. Es algo que se nota.

Yo quería conseguir algo así, dotar al mundo de La Puerta de Ishtar de lenguas que sonaran extrañas, fantásticas, pero a la vez verosímiles. Por desgracia, no tengo la facultad de hacer algo así, por mucho que me fascinen la historia del idioma y de la escritura (de la que ya hablaré en otra entrada).

Así que, como en tantas otras cosas en este juego, opté por copiar allí dónde no podía crear. ¿Para qué chapucear amagos de idiomas, apelotonando sílabas al azar, cuando podía usar idiomas reales? Y así nacio, entre otros, el Akkadio. Uno de los idiomas de La Puerta de Ishtar, el hablado en el Imperio de Akkad.

El Akkadio no es más que el Acadio, hablado en la antigua Mesopotamia, y que se convirtió en lingua franca del oriente. Es una lengua muerta, con sonidos misteriosos y extraños, tremendamente exótica. Perfecta para mis fines. Con todo, hay palabras en nuestro idioma que vienen de este idioma, que tiene miles de años de edad: Icíar no es más que Ishtar, y la propia palabra Mushkenu es el origen de nuestro "mezquino". Literalmente, "el que se arrodilla".

Aquí tenéis una muestra, para que podáis opinar vosotros mismos de si tiene o no el efecto adecuado. Es una lectura de una antigua tablilla, que contiene una oración recitada por un adivino a los Dioses de la Noche (el que quiera entender que entienda). Debajo de los botones para reproducirla tenéis el texto de la misma, junto a una traducción.

pullulu rubu
Los príncipes yacen bien protegidos.
washru sikkuru shiretum shakna
Las cerraduras echadas, los anillos en su lugar.
habratum nishu shaqumma
Los ruidosos callan.
petutum uddulu babu
Las puertas están cerradas.
ili matim ishtarat matim
Los dioses de la tierra, las diosas de la tierra,
shamash sin adad u ishtar
Shamash, Sin, Adad e Ishtar
iterbu ana utul shame
han partido al regazo de los cielos.
ul idinnū dīnam ul iparrasū awatim
No emitirán juicio, no impartirán justicia.
pussumat mushitim
Velada es la noche.
ekallum shaḫursha kummu adru
El palacio, el templo y el santuario están a oscuras.
alik urhim ilam ishassi u sha dinim ushteberre shittam
El caminante llama al dios, el demandante permanece dormido.
dayyan kinatim abi ekiatim
El juez de la justicia, padre del indigente,
shamash iterub ana kummishu
Shamash, se ha recluido en su santuario.
rabutum ili mushitim
Grandes dioses de la noche:
quradum erra
Erra el guerrero,
qashtum nirum
el Arco, el Yugo,
shitaddarum mushushshum
el Auténtico Pastor, el Mushrushu,
eriqqum enzum
el Carro, la Cabra,
kusarikkum bashmum
el Toro de los Cielos, la Serpiente Cornuda,
lizziuma
¡Alzaos!
ina terti eppushu
Frente al oráculo que estoy llevando a cabo,
ina puhad akarrabu
usando el cordero sacrificado,
kittam shuknan
¡postrad ante mí la verdad!

Si os ha gustado la mitad que a mí estaréis alucinando. Tenéis muchos otros archivos sonoros en Acadio (dialecto Babilónico) aquí. Que, por cierto, estas grabaciones me han hecho darme cuenta de que igual estoy yendo un poco lejos con la documentación, ya que entiendo bastantes más palabras de las que debería...

jueves, 19 de mayo de 2011

Nuevo entrega del Fanzine Rolero

Llega una nueva luna y con ella una nueva entrega del Fanzine Rolero. Como siempre cargado de contenidos interesantes, como las reseñas de Dogfight y Cthulhu Oscuro (un magnífico sistema para aquellos que no se llevan bien con el de La Llamada), información sobre el juego organizado de Pathfinder, recursos y actual plays para juegos variados, consejos sobre como ser rolero después de los 30 (afortunadamente aún no he llegado a ese punto) y el estreno de una nueva tira cómica.


Pero, sin lugar a dudas, el plato fuerte de este número es Ablaneda. El primer producto de la nueva Arcano XIII, un juego de rol completo que usa el ligerísimo y narrativo sistema XD6 para contar la historia de la Ronda del Patíbulo. Fantasía medieval a la española, que es algo que se echaba en falta entre tanta saga Artúrica. Una delicia de leer, no sólo por su sorprendente redacción, sino también por su excelente maqueta e ilustración (¡menudo mapa!). Echadle un ojo a la hoja de personaje, que me parece sencillamente genial.

Y además gratis. No os lo perdáis.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La primera partida de otro (¡y una pantalla!)

Hace unos pocos días sucedió un hecho bastante importante en el desarrollo de La Puerta de Ishtar: terminó de jugarse la primera aventura que no he dirigido yo. Puede parecer una chorrada, pero al menos para mí tuvo cierto significado. Otra persona había llevado con éxito varias sesiones del juego que yo había creado. En cierto sentido, por fin La Puerta de Ishtar había volado más allá de mis manos.

La aventura que se jugó, además, fue la que se incluirá en el juego como módulo introductorio. Su nombre es "Esclavos de sus deseos" y, como os podréis imaginar, tiene como tema aquello que deseamos y cómo el perseguir nuestros anhelos puede llevarnos por diferentes caminos.


Tardaron dos sesiones en terminar la aventura y, aunque no pude estar presente más que durante la segunda y unos pocos minutos de la primera, en mi opinión (aún no hemos encuestado a los jugadores) fue todo un éxito. Se oían risas e incluso gritos de "uso pasión, joder maldita sea" y en algunos momentos la tensión se palpaba en el ambiente. Pero lo mejor fue que el módulo se desarrolló de forma completamente distinta a la primera vez que se jugó, conmigo como director y con otro grupo de jugadores.

Y a todo esto hay que añadirle el hecho de que era la primera vez que la DJ dirigía una partida de rol. Además los jugadores le pusieron las cosas bastante difíciles a la pobre un par de veces. 

He de decir que en una situación así se experimenta una sensación extraña, una especie de mezcla rara entre el orgullo y la incredulidad. Es sorprendente escuchar a alguien explicando a un tercero cómo funcionan un mundo y unas reglas que tú has creado.


Por último, y para dejarnos un poco de tanta sensiblería, hablaré también de la pantalla del DJ que preparé y que ha sido usada por primera vez en estas partidas.

Desde hace ya tiempo quería tener una pantalla para poder usarla en mis sesiones de La Puerta de Ishtar. No es que el sistema sea especialmente complicado (y además lo he creado yo...), pero soy de la escuela de pensamiento de que estos trozos de cartón pueden ser muy útiles. Cumplen una importante función de ambientación con sus ilustraciones y permiten al DJ esconder sus notas detrás. Llamadme anticuado.

El caso es que, como es lógico, La Puerta de Ishtar no tiene (aún) una pantalla oficial, así que decidí hacerme una yo mismo. Recurrí a la fantástica Savage Worlds Customizable GM Screen, en la que puedes introducir tus propias imágenes y hojas de referencia, y preparé las dos caras de la misma. Por un lado un resumen de todas las reglas del juego, que cupieron perfectamente (¡y aún sobraba mucho espacio!), y por el otro unos cuantos dibujos para ambientar, dos de los cuales ya os he enseñado antes.

Al final, como podéis ver en las fotos, quedó bastante resultona. Los jugadores opinaron que ayudaba a transmitir la estética del juego, y la directora encontró todo lo que necesitaba. Y encima es apaisada (mis preferidas) y fácil de actualizar. ¿Qué más se puede pedir?

miércoles, 11 de mayo de 2011

Bibliografía: La Epopeya de Gilgamesh

Hacía mucho tiempo que no hacía una entrada sobre la bibliografía que estoy utilizando para documentarme a la hora de afrontar este proyecto, así que ya era hora de volver a tocar el tema de las fuentes de las que he bebido. Pero esta vez no voy a escribir acerca de un libro de texto o divulgativo, sino sobre una obra de ficción: La Epopeya de Gilgamesh.

Pero La Epopeya de Gilgamesh no es un relato cualquiera, sino nada más y nada menos que la primera narración escrita de la humanidad. El primer texto no administrativo que la humanidad decidió donar a la posteridad, poniéndolo por escrito para que así perdurara. O al menos el primero que hemos encontrado.


Esta epopeya habla sobre la vida de Gilgamesh, un rey que gobernó en la ciudad de Uruk en torno a la mitad del tercer milenio A.C., al que le otorga el estatus de semidiós (dos terceras partes dios y una tercera humano). Está compuesta de 12 tablillas y en la primera mitad se habla de la búsqueda de la gloria por parte de Gilgamesh, mientras que en la segunda se trata su reacción ante la realidad de su propia mortalidad. No entraré en más detalles para no destriparle la historia a nadie (aunque tendría su gracia reventar algo que lleva milenios escrita), pero sí que diré que en ella aparecen elementos que luego fueron incorporados a otras mitologías, como el diluvio universal y el sabio Utnapishtim (Noé en el Génesis), así como temas que luego aparecerían en obras de origen Griego, bastante más famosas.

La Epopeya de Gilgamesh es una obra fascinante. Una ventana que nos permite contemplar a los hombres que fundaron la primera civilización. Pero lo más sorprendente de ella es que esta misma visión nos hace darnos cuenta de que aquellos hombres eran iguales que nosotros; con los mismos miedos y anhelos. La historia del rey de Uruk es un documento vivo, porque su mensaje sigue resonando en un lector actual con la misma fuerza con la que debió de hacerlo en su momento. Dejando a un lado la dificultad que puede producir su estilo a la hora de  leerla, esta obra, escrita por hombres de hace más de 4000 años, un mileno antes que el Antiguo Testamento, puede (y debe) ser leída por los hombres del siglo XXI.

 ¿Y cómo lee un hombre del siglo XXI La Epopeya de Gilgamesh? Afortundamente para nosotros, cada poco tiempo se publican nuevas traducciones, a cientos de idiomas, de esta obra. Entre ellos el español. Hay muchas ediciones, unas más fieles al original, incluso en forma de poema, y otras redactadas más al estilo de la narrativa moderna. La versión que tengo yo es de las primeras, pero recomiendo una más adaptada. En 2010 Alianza Editorial puso a la venta una traducción de la versión de Stephen Mitchell bastante económica en formato bolsillo. No la he leído personalmente, pero sí que he oído muy buenas cosas de ella.


Además, hay una novela de Robert Silverberg que adapta la Epopeya de Gilgamesh, titulada "Gilgamesh the King". Es un libro altamente recomendable, y que me gustó mucho. Es tremendamente fiel a la obra original, y está escrita en primera persona. Da ciertas explicaciones mundanas a hechos descritos como sobrenaturales en la epopeya, pero al mismo tiempo muestra cómo (según él) la psicología de los hombres de la época entendía estos fenómenos. Existe una traducción al español (Gilgamesh el Rey), pero fue editada hace muchos años (1988) y hoy en día es difícil  de encontrar, aunque se puede ver en el mercado de segunda mano. Yo lo leí en inglés, y puedo decir que es bastante asequible. Silverberg tiene un lenguaje muy claro que hace que sus libros se lean con agilidad incluso aunque no se domine del todo la lengua de la pérfida Albión.


Por último, ha llegado a mis oídos que actualmente está saliendo en Francia un cómic llamado "L'épopée de Gilgamesh", creado por Julien Brondel y Adrian Brion. Tiene una pinta tremenda a juzgar por las páginas que han colgado sus autores. Desgraciadamente, el francés y yo no nos llevamos muy bien, así que tendrá que ser otro el que os diga si es una adaptación fiel o no.

Espero que tras esta entrada alguno le deis una oportunidad al relato de Gilgamesh, ese semidiós con miedos humanos que reinó 2500 años antes del nacimiento de Jesucristo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Ilustración de Middu

Y que mejor manera que poner punto y final a la serie de entradas sobre Meda (que tenéis aquí: I, II, III y IV), que con una ilustración en la que aparezca un Middu. Destinada al capítulo de magia del libro, aquí tenéis una excelente imagen del siempre espectacular Manzanedo, en la que podéis contemplar a un hombre serpiente en toda su gloria.

Click para ver más grande.

¿Llegará el héroe a tiempo?

miércoles, 27 de abril de 2011

Más Allá del Imperio: Meda (IV)

Y llegamos a la cuarta entrada sobre la misteriosa Meda (aquí las anteriores: I, II y III). Ésta trata sobre los propios Middu y su particular forma de comerciar, los "intercambios":

Los Middu

Si pocos en Akkad han estado en presencia de un Fenicio, aún menos ante un Middu. Se les conoce popularmente como hombres serpiente, debido a su enorme parecido físico con los ofidios, aunque en realidad no comparten parentesco con ninguna de estas especies. Caminan erguidos, como la mayoría de las razas que poseen intelecto, y su cabeza es muy similar a la de una cobra.

Sin embargo, su fisionomía es muy distinta a la del resto de seres vivos de Kishar. Su lengua no es, como cabría esperar, bífida, sino alargada y fina. Sus mandíbulas son en realidad una extensión de su piel, de color verduzco, rígida y surcada por numerosas estrías. Aunque algunos testigos afirman que en realidad están cubiertos de escamas, como las de un reptil, pocas descripciones logran ponerse de acuerdo, ya que muchos no tienen claro dónde acaban sus ropajes o armaduras y dónde comienza su cuerpo.

Pero hay un rasgo que llama la atención de todo aquel que se encuentra con un Middu: sus extremidades. No parecen poseer ningún tipo de articulación, y no acaban en manos o pies, sino que su grosor disminuye paulatinamente hasta acabar en punta. Como un enfermizo tentáculo carente de ventosas, o la cola de una animal.

Se comunican mediante siseos, difíciles de imitar por una garganta humana, aunque son capaces de hablar un Akkadio lo bastante bueno como para ser comprensible con un poco de esfuerzo. Tienen cierto don para las lenguas, aunque hay ciertas palabras que se les resisten, que no parecen ser capaces de articular o cuyo significado no comprenden por completo. Un caso especialmente flagrante son las que sirven para expresar sentimientos, tanto positivos como negativos, como pueden ser “alegría”, “rabia” u “odio”.

Se cree que los Middu no duermen, ya que nunca se ha visto a ninguno hacerlo.



Los intercambios

La gran mayoría de los ciudadanos del Imperio que han podido encontrarse con un Middu no lo han hecho viajando a su remota nación, sino en uno de los encuentros conocidos como “intercambios”. Una vez cada seis ciclos del calendario de 19 años que rige Akkad, es decir, una vez cada 114 años, un enorme contingente de hombres serpiente cruzan las montañas y montan un campamento a las orillas del Zab.

Vienen cargados de fascinantes creaciones, que van desde lo más mundano hasta portentosos objetos de poder: Prendas de seda que hacen verdaderamente más bello al portador, orbes de un cristal tan perfecto que son inquebrantables, tintas de colores imposibles de describir, inciensos que permiten al que los inhala comulgar con los Dioses, o exóticos frutos que se niegan a crecer en el suelo de Akkad.

Allí esperan pacientemente, durante un mes, el mes sin nombre en el que las sombras crecen, recibiendo a todos los comerciantes que se acercan a tratar con ellos. Mercadean incansablemente, ofreciendo sus bienes a cambio de objetos a cada cual más peregrino que el anterior. Lo mismo pueden solicitar la barba recién afeitada de un rey, la daga con la que una mujer mató a su esposo, o una hogaza de pan preparada a partir de la última cosecha del año.

Aunque no todas sus peticiones son tan extrañas. También valoran mercancías más tradicionales, especialmente esclavos. Aprendieron de los Akkadios el beneficio que pueden proporcionar sirvientes así y suelen solicitar Mushkenu y Wardu en grandes cantidades. De hecho, a cada intercambio se incrementaba un poco más el número de esclavos que solicitaban, y durante los tres últimos la cantidad de pobres diablos entregados a los Middu fue casi astronómica.

Pero algo extraño ha ocurrido recientemente. Hace dos años debía haberse producido el decimoquinto intercambio, pero los hombres serpiente no aparecieron. Por primera vez en más de diecisiete siglos los Middu habían faltado a su cita. Los comerciantes esperaron, como siempre, durante todo el mes, pero ninguno de los señores de Meda se dignó a aparecer.

Además, se empiezan oír rumores de que han sido vistos hombres serpiente entre las dunas del desierto occidental, o morando en cavernas cerca de los hogares de los Cimmerios o en las marismas del sur.

Aunque se murmura algo aún más inquietante: Eahardinnu, un famoso explorador Awilu, afirma haber cruzado hace tan sólo seis meses el Paso del Silencio, y haber visto al otro lado, recorriendo la Meseta Negra, jinetes Mushkenu a los lomos de poderosos caballos de guerra y ataviados con armadura de diseño Middu, pero sin ningún hombre serpiente dirigiéndoles.

miércoles, 20 de abril de 2011

Más Allá del Imperio: Meda (III)

Y otra entrega más de la serie de entradas sobre Meda (aquí la primera y la segunda). Esta está dedicada al río Aras y a las Mansiones de Cristal:

El río Aras

La otra forma de cruzar la Meseta Negra es probablemente la más fácil, especialmente si se está bien considerado por los señores de Meda. Esta ruta, mucho más rápida y considerablemente menos accidentada, consiste en recorrer el río Aras hasta su desembocadura, cercana a las Mansiones de Cristal, empleando un barco.

Esta solución es, como podría imaginarse, más sencilla de enunciar que de ejecutar, pues es necesario pensar en cómo traer una embarcación a este lugar o, en su defecto, encontrar materiales para construirla. Los pocos árboles de este lado de las Cumbres de las Tormentas podrían servir para esta tarea, pero es preciso talarlos y cargarlos hasta un punto del río alejado de su nacimiento, lo bastante como para que sus rápidas corrientes sean navegables con seguridad.

Quién opte por esta solución descubrirá que el río Aras es distinto a cualquier otro. Para empezar, su agua se encuentra siempre a una temperatura anormalmente cálida, en algunos tramos incluso hirviendo, y tiene un color azulado muy intenso, además de ser casi totalmente opaca. Salta a la vista que no es potable, pero no por ello carece de valor. Se dice que tiene propiedades mágicas, y es capaz de devolver la belleza y rejuvenecer la piel de cualquiera que se bañe en ellas. Es muy cotizada en el Imperio, y las nobles más coquetas darían casi cualquier cosa por unos viales del preciado líquido con el que fabricar ungüentos y maquillajes.

Pero sumergirse directamente en el río no es una buena idea. Es posible que su agua sanee la piel del bañista, pero de poco le valdrá, pues será casi con toda seguridad arrancada de sus huesos por las potentes mandíbulas de los peces que pululan bajo la superficie.



Las Mansiones de Cristal

Aquel lo bastante valiente o afortunado para cruzar la Meseta Negra, ya sea por tierra o navegando, se encontrará frente a las portentosas Mansiones de Cristal: el único asentamiento de Meda, el corazón de la patria de los hombres serpiente.

Su arquitectura es de un estilo muy diferente a toda construcción que un ojo mortal haya podido contemplar. Una miríada de monstruosos pilares de roca porosa y gris surge de la tierra, alzándose cientos de metros hacia el cielo. Algunos son alargados, casi como cilindros, mientras que otros tienen bases más anchas e irregulares, que se estrechan poco a poco hasta llegar a ser casi finas agujas en su parte superior.

Es imposible estar seguro de si son naturales o construidos por sus habitantes, pues su forma es demasiado irregular para haber sido esculpida por ningún artista que conservara la cordura, pero al mismo tiempo están distribuidos con cierto sentido. Puede percibirse un patrón subyacente en la distancia que separa unas estructuras de otras, demasiado constante para ser obra de la naturaleza. Es más bien como si los pilares hubieran sido “plantados”, como si su crecimiento hubiera sido guiado, como el de un árbol podado por un jardinero durante años.

Estos edificios, porque ésa es su función, están unidos entre sí por unos puentes que, junto con las numerosas bóvedas que hacen de ventanas, le dan a la ciudad su nombre. Ambos están hechos de cristal, de un vidrio traslúcido de tantos colores como el arcoíris, y tan pulido que es fácil resbalar en su superficie. Esto, por supuesto, no es un problema para los Middu, que con sus peculiares extremidades no encuentran ninguna dificultad en desplazarse rápidamente, tanto por los puentes como por los numerosos túneles que atraviesan el corazón de las estructuras.

El interior de las mansiones es un secreto que los Middu guardan celosamente, y no dejan que nadie que no pertenezca a su raza conozca. La única excepción son sus esclavos tatuados; Mushkenu comprados a los comerciantes Akkadios que se caracterizan por tener gran parte de su cuerpo cubierto por extraños tatuajes, que parecen retorcerse con voluntad propia. Voluntad de la que, por otra parte, carecen los esclavos, que caminan aún más cabizbajos de lo que lo haría un Mushkenu en el Imperio.

Antiguos manuscritos afirman que al principio los hombres serpiente esclavizaban a miembros de todas las razas. Pero debido a la ira que esto provocaba tanto en Akkadios como Elamitas pronto comenzaron a emplear exclusivamente Mushkenu que, además, podían conseguir a muy buen precio gracias a un lucrativo pacto con los mercaderes de Assur.

Aunque todas estas historias bien podrían ser leyendas. El último viajero que logró llegar hasta las estancias de los Middu y volvió para contarlo realizó tal hazaña en el año 1516 tras el ascenso de Sargón. Desde entonces han pasado casi cinco siglos.
 

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